EL IMAGINARIO

viernes, 20 de mayo de 2005

Por eloscar @ 23:00


AngelitoTarde pre-invernal, tranquila, como suelen ser los sábados por la tarde. Ya relajada del trajín de la semana, me retiro un rato a mi estudio, mi refugio... No es tarde que se preste al bombardeo de noticias crispantes. Hay paz... música de fondo y ahí, tal vez, en ese rincón querido, donde la tranquila tarde abraza, sosiega, calma, anima... en mi sillón favorito, entrecierro los ojos y sueño entre dormida y despierta. Gozo estos instantes, momentos en que liberada de mis compromisos laborales y emocionales, me dejo ir en esa pequeña abertura del vacío, para contarme dos que tres cosillas.

Ahh, qué rico me llega la fragancia del café en mi taza favorita. Escucho el ladrar de mi perra... sí, ahí en el pequeño lugar donde se distrae cazando moscas, no por hambre, sino por traviesa. Río un poco observando sus orejas siempre atentas, su rabo loco, que no deja de menearse, sus brincos y piruetas, sus sonidos tan especiales con matices tan diversos, pues bien que sabe con qué manipularme. En fín, ella ahí, y yo aquí. Ambas en nuestro territorio y en nuestro espacio.

Escudriño mi mente, bebo un sorbo y saboreo con lentitud mi café, mmmm, no está mal. Ante mis ojos entrecerrados, con la cabeza descansando en mi sillón, desfilan lentamente mis ideas, pensamientos, ilusiones..., me incorporo un poco, es que me asalta algo. Ah, si, eso que tantos amigos y amigas me dicen, y cierto, yo también me lo he dicho: ¿Qué ha pasado con el libro que en mis horas de ilusiones he soñado escribir y nunca escribo?.

No hace mucho, abrí la puerta, un poco enmohecida por el tiempo, pero que sellaba mis tiempos idos y atisbé entre brumas de mis sueños en vigilia, de aquel sendero que mucho tiempo recorrí.

Se dan cuenta?... cómo los campos son grises de noche y se les puede iluminar con el pensamiento?, fríos e inertes los amores e ideales de otros hombres... de otros niños que, como yo, sintieron en su cuna el rozar leve de unos labios, la caricia de esa hada que destruía nuestras pesadillas y nos cubría con ternura. Al recorrer con pasos vacilantes aquellos senderos, encontré, bajo el polvo de su tiempo las historias que me narraron cuando fuí pequeña. Qué cataclismo hubo en mi que destruyó y trocó en desaliento mi ilusión?. Más yo quise cerrar aquella puerta, sellando el paso de los tiempos idos... sepultando para siempre el dolor.

Hoy que la vida me ha dado la oportunidad de ver y observar, me paro debajo de la puerta de mi existencia y veo desfilar en caravana a la humanidad sedienta de realismo; enferma de rencores y de infamias...

Por eso y por mucho más, recorro ilusionada las veredas de mi camino. Corto aquí y allá, flores que esparcen fragancias y aromas que mitigan dolores. También, en mi osadía, arranco estrellas al firmamento, para que un día brillen y llenen las páginas de un libro..., libro que quedará guardado en mi memoria, para que nunca, nadie sepa lo que en las horas de ilusiones y desvelo he querido escribir y nunca escribo...

La tarde declina, el sol se despide con un rayo que asemeja un beso, y el firmamento tiende su manto para que la vista descanse y no adivine contornos efímeros, como las ilusiones no plasmadas...


Prendo una vela, pues es un anochecer delicioso para espantarlo con la mordedura letal de la energía eléctrica. Quiero que aún perdure la magia de este mágico momento en el silencio, cómplice de las almas y sus sueños, y yo, recorro más senderos prometedores en medio de ésta penumbra que me rodea

MAÑANA SERA OTRO DIA

NATALIA CONTRERAS

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